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Monday, April 12, 2010

El caso de Phineas Gage

En septiembre de 1848, en el pueblo de Cavendish, Vermont, EEUU, Phineas Gage, capataz de un grupo de trabajo del ferrocarril, sufrió un accidente terrible mientras desempeñaba su tarea diaria: una barra de hierro le atravesó la cabeza y obtuvo la inmortalidad. Obtuvo la inmortalidad no porque murió y fue al cielo, sino por que sobrevivió a este terrible accidente, cuyos pormenores constituyen un caso único en la historia de la medicina, sobre todo de la neurología.

El trabajo de Phineas Gage consistía en hacer volar con explosivo la dura roca de granito para abrir camino para la construcción de nuevas vías férreas. El 13 de septiembre de 1848, Gage había vertido la pólvora en un agujero profundo y angosto en la roca de una ladera de una colina baja en las afueras de Cavendish. Al parecer, por alguna razón, o por un acto de negligencia, su asistente olvidó cubrir la pólvora con arena y rellenar así ese agujero, mientras Gage vertía más pólvora en los otros orificios perforados por otros trabajadores. Cuando Phineas Gage quiso apisonar la supuesta arena en ese agujero, la barra de hierro, de 1,30 m de largo, golpeó en forma directa la pólvora contra la roca, provocando una chispa y la inmediata explosión. La gruesa y larga vara voló por los aires, pero al hacerlo perforó, desde abajo hacia arriba, el malar izquierdo, atravesandole el cráneo y saliendo limpiamente por la parte superior del hueso frontal de la cabeza.

Lo asombroso del caso es que, luego de estar inconciente por una hora, Gage se levantó y pudo caminar hacia el carro que lo llevó al médico, hablando en el camino concientemente acerca del accidente y del agujero en su cabeza. Luego de algun tiempo se recuperó de la infección que se produjo y vivió doce años más. A la espectacular supervivencia a esa herida, le siguió efectos colaterales igualmente sorprendentes. Sorprendentes en el sentido de que Gage no manifestó los síntomas o efectos que los médicos hubieran esperado de tal descomunal herida en su cabeza. La barra de hierro había destruido totalmente la corteza prefrontal del lóbulo frontal izquierdo y parcialmente la corteza prefrontal del lóbulo frontal derecho. Gage no había perdido la memoria, su función motora parecía estar intacta, ya que podía hablar, utilizar sus manos y caminar normalmente.

Sin embargo, hubo cambios o efectos en Phineas Gage, pero esos efectos fueron de una naturaleza diferente a lo que se esperaba de acuerdo a las teorías médicas de mediado del siglo XIX. Fue su personalidad la que se vió profundamente afectada y no los conocimientos ya adquiridos. Antes del accidente, Phineas Gage era un hombre templado, considerado, responsable y serio; es por ello que la compañía a la cual trabajaba le había dado el cargo de capataz encargado de explosivos. Luego del accidente, Gage se volvió un hombre caprichoso, inestable e irreverente. Se volvió muy profano; con frecuencia profería obscenidades de todo tipo sin mostrar empatía por quien la recibía. No solamente se había vuelto un hombre inestable, sino que también se había transformado en un hombre apático y sin iniciativa.

El caso de Phineas Gage fue un hito en la medicina que cambió las teorías que había hasta ese momento sobre el funcionamiento y especialización del lóbulo frontal, sobre todo el área prefrontal del mismo. Parece ser que el mismo es un centro integrador de todas las demas áreas del cerebro; sería el órgano modulador y de control de los impulsos emocionales y primitivos (Id) para una adaptación exitosa al medio. Por lo tanto, sería un área de la corteza del cerebro que resuelve los problemas emergentes, decidiendo sin vascilar las acciones a llevar a cabo para la resolución de los mismos, adaptándose de esta manera a las situaciones nuevas de un entorno cambiante.

Dibujo reconstructivo de la forma en que penetró la vara de hierro en la cabeza de Gage e imagen real de su cráneo en exhibición en la Universidad de Harvard



Daguerrotipos de Phineas Gage luego de su recuperación exhibiendo la barra de hierro