Pages

Friday, October 21, 2011

Aneurismas de las arterias cerebrales

Los aneurismas de las arterias cerebrales son dilataciones circunscritas de la pared arterial, especialmente las arterias del hexágono de Willis, de origen congénito o adquirido, únicas o múltiples, por lo general del tamaño de una haba (fijol), y que por lo común se revelan clínicamente por fenómenos de hipertensión endocraneal y focales. Su conocimiento es especialmente obra de la arteriografía, que permite su diagnóstico durante la vida. En la mayoría de los casos de aneurismas de las arterias cerebrales se trata de lesiones congénitas que inclusive manifiestan preferencia familiar, en forma de una displasia arterial que conduce a una ulterior dilatación del vaso. También las arteritis de carácter infeccioso o las embolias de tipo micótico son susceptibles de causar esta clase de aneurismas. En pacientes de avanzada edad, puede obrar también como causa de ello la arteriosclerosis.

Anatomía patológica

Los aneurismas pueden ser únicos o múltiples, de forma redondeada u oval, pediculados, de volumen de una cabeza de alfiler o de una ciruela, pero los más habitual es que sea del tamaño de una lenteja o un frijol. Suele predominar en el lado izquierdo, en los puntos de bifurcación arterial. En cuanto a su localización, según cifras estadísticas, los más frecuente es a nivel de la arteria cerebral media, del tronco basilar y de la carótida interna. Menos frecuente, a nivel de la arteria cerebral anterior y de las arterias comunicantes cerebrales anterior o posterior. Histopatológicamente, la lesión difiere según la causa. Cuando es congénito, se comprueba un adelgazamiento de la túnica muscular arterial. En las arteritis infecciosas y en las embolias se observan en el vaso y alrededor de él, los mismos alementos de la inflamación.

Cuadro clínico

El aneurisma intracraneal puede ser absolutamente latente, sin dar síntomas y constituir un simple hallazgo de necropsia. En otras ocasiones se delata por su ruptura. En este caso precedido de dolor de cabeza y de nuca, vértigo y vómitos; se produce un estado de coma acompañado de fiebre, signos de irritación meníngea, y en la punción lumbar se obtiene líquido hemorrágico. Es ésta una de las causas posibles de hemorragia subaracnoidea espontánea.

Menos frecuentemente se produce un cuadro de hipertensión endocraneal y los signos focales que dependen de la topografía del aneurisma, estando condicionada esta sintomatología por el crecimiento de aquel. Lo más común es que los signos focales esten constituidos por oftalmoplejías, por compresión del tercer, cuarto y sexto pares y neuralgia de la rama oftálmica del trigémino. Estos últimos signos son provocados por aneurismas de la carótida interna en su trayecto por el seno cavernoso, o también por aneurisma de la arteria cerebral posterior. El aneurisma del tronco basilar produce compresión del facial, cuadriplejía y aun fenómenos bulbares graves.

Tratamiento

Depende de la causa: los aneurismas micóticos mejoran con los antibióticos; los aneurismas congénitos son tributarios de la neurocirugía.