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Monday, January 16, 2012

Pleuritis

La pleuritis, o pleuresia, es una inflamación de la pleura, la delgada envoltura de doble capa que envuelve los pulmones. Puede ser producida por una infección bacteriana o viral, o por otras causas, como un exceso de líquido en el espacio pleural, neumonías, tuberculosis, traumatismo en el tórax, etc. El síntoma principal es dolores agudos en el pecho al respirar. En la pleuritis, los agentes inflamatorios llegan casi siempre por vía linfática y por los intersticios pulmonares. De ordinario proceden del pulmón, cuando existen en el mismo inflamaciones que llegan a extenderse hasta la pleura, pero también pueden proceder de otros focos inflamatorios vecinos, por ejemplo, una mediastinitis, una pericarditis, una peritonitis, etc. En cuando a las bacterias, los bacilos tuberculosos pueden llegar a la pleura no solamente desde el pulmón, sino también desde los ganglios bronquiales, mediastínicos y cervicales, desde la cavidad abdominal o desde una costilla con necrosis. Sobre los infartos hemorrágicos del pulmón se desarrolla así mismo una pleuritis sin gérmenes. La pleuritis puede desarrollarse además por vía sanguínea (metastásica) en las enfermedades infecciosas, como la piemia, el tifus, el reumatismo articular, la tuberculosis, etc. En las heridas de la caja torácica pueden llegar los gérmenes procedentes del exterior a la cavidad pleural.

Teniendo en cuenta la naturaleza del exudado, se puede diferenciar las siguientes formas de pleuritis: fibrinosa, serofibrinosa, hemorrágica, purulenta y pútrida. La pleuritis fibrinosa se caracteriza por el desarrollo de depósitos de fibrina sobre las hojas de la pleura; la fibrina se dispone en membranas, en vellosidades o en redes, lo mismo que en la pericarditis. Al mismo tiempo que se deposita la fibrina se forma casi siempre un derrame seroso, que es gris y turbio y que contiene flóculos de fibrina. En la pleuritis hemorrágica sobreviene una atelectasia por compresión de los pulmones. En la pleuritis purulenta encontramos pus en la cavidad pleural. Las bacterias de la putrefacción (procedentes de focos de gangrena del pulmón, de cánceres perforados del esófago, etc.) prestan al exudado un caracter pútrido o gangrenoso: pleuritis pútrida.

La pleuritis puede curar sin dejar restos. El exudado se resorbe después de disuelta la fibrina, como sucede casi siempre en las neumonías fibrinosas y aún más en las bronconeumonías. Si no se produce la reabsorción, sobreviviene la organización del exudado, que conduce al desarrollo de engrosamientos y de adherencias de las hojas pleurales. La mayor parte de las adherencias se observan en la tuberculosis pulmonar; unas veces son cordonales y otras veces extendidas en superficies.